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DEUDA, CRISIS FINANCIERA, DÉFICIT FISCAL…. PRIORIDAD A LA EXPORTACIÓN
Por Felipe Sáez Administrador de la Cámara Oficial de Comercio de España en Francia (COCEF) Encargado de Relaciones Exteriores
Dentro de unos días, España volverá a elegir su representación política con mandato para otros cuatro años, conforme al juego democrático normal. Pero el alcance de estos comicios trasciende la mera alternancia política pues plantea, en realidad, la elección de aquel programa de gobierno más idóneo para sacar el país, en el mínimo plazo, de la tremenda situación económico-social que viene padeciendo y que tiende a empeorar.
Y es que, aún cuando de un tiempo a esta parte se ha hablado únicamente de la crisis financiera y bancaria, con los problemas de deuda soberana, de prima de riesgo en los mercados, de necesidades de recapitalización del sistema bancario, en estos días, la cruda realidad del estado de la economía real se impone drásticamente a nuestra atención.
Varios avisos han dado el toque de alarma, de los cuales se seleccionan dos por la fiabilidad de sus fuentes. El primero procede de la misma Comisión Europea, la cual pronostica que España entrará técnicamente en recesión este año al decrecer su economía del 0,1 % en el cuarto trimestre tras un crecimiento cero en el trimestre anterior. La Comisión prevé asimismo la permanencia en 2012 del estancamiento de la actividad económica, con un repunte de 1,4 % a partir de 2013, por lo que concluye que el empleo caerá más significativamente tanto en el último trimestre de este año como en todo 2012, situándose la tasa de desempleo en ese periodo en una media del 20,9 % y después, en 2013 todavía, en un 20,3 %. El autor del segundo es el servicio de estudios del BBVA. Su pronóstico, si bien ligeramente más optimista, coincide en conjunto con el de la Comisión Europea: apenas crecimiento (0,2 %) en 2012 y subida de la tasa de paro a 22 % en el 4° trimestre de este año para mantenerse a ese nivel en 2012.
Pero lo interesante son los argumentos presentados para justificar esas dramáticas previsiones. La Comisión menciona escuetamente el impacto de la crisis de deuda, desaceleración de la economía mundial, ajustes en el sector público y proceso de desendeudamiento de familias y empresas. El BBVA es más prolijo. Primero, apunta como factor del deterioro en el ritmo de recuperación de la economía durante el segundo semestre de este año, la continuación del proceso de ajuste de los desequilibrios acumulados antes de la crisis (o sea, el desapalancamiento de hogares, empresas y Bancos), potenciado en algunos sectores por medidas de consolidación fiscal. Después, fundamenta el pesimismo de sus previsiones para 2012 en los siguientes elementos: - disminución de la propensión a consumir e invertir, ante la expectativa de que la prima de riesgo en los mercados exteriores tarde en situarse en niveles consistentes con los fundamentales de la economía y ante la incertidumbre acerca del final de la crisis soberana referente a España y, por lo tanto, acerca de la política económica que se lleve a cabo; - consolidación fiscal más intensa, debido al probable incremento del déficit público por la menor recaudación consecutiva al estancamiento/descenso del nivel de actividad económica y por el mayor gasto originado por el aumento del desempleo; - reestructuración inacabada del sistema financiero puesto que sigue sin concluir el saneamiento de sus balances lastrados por los créditos inmobiliarios (para lo cual el BBVA estima necesarias unas provisiones adicionales de 60.000 millones de euros), en un contexto de desconfianza generalizada de los mercados internacionales que lleva a cuantiosas exigencias de recapitalización (más de 26.000 millones de euros según la Autoridad Europea de Bancos), todo lo cual tiende a restringir su capacidad de ofrecer crédito y, por consiguiente, incide negativamente en el consumo y la inversión.
Como puede verse, los diagnósticos son prácticamente coincidentes. La economía española no solamente no recupera sino que tiende a decrecer porque la demanda interna no se desarrolla, al ser su financiación cada vez más escasa y más cara, cuando no retrocede, tanto por las medidas encaminadas a situar el déficit público dentro del nivel comprometido con los Organismos y mercados exteriores como por la intensificación cada vez más forzada (por parte del sistema financiero, mediante procedimientos ejecutivos) del desendeudamiento privado, especialmente el de los hogares.
En ese panorama desolador, un solo punto positivo: la pujanza de las exportaciones, las cuales
vienen constituyendo el principal y casi único soporte de la actividad económica desde hace casi 2 años. En los 8 primeros meses de este año, las exportaciones han progresado del 18,0 % en relación con el mismo periodo de 2010, yendo destinadas a la Unión Europea un 64,8 % de las mismas. También hay que considerar las exportaciones relacionadas con el sector servicios, entre los cuales el turismo que ha beneficiado de un repunte este año.
Evidentemente, la desaceleración del crecimiento en Europa iniciada durante este segundo semestre, particularmente en Francia y Alemania que son respectivamente primer (17,7 % del total de exportaciones) y segundo (10,11 % del total) clientes de España, hace prever una ralentización del ritmo exportador hacia esa zona. A esa evolución contribuyen asimismo el estancamiento y la recesión que vienen -y presumiblemente seguirán en 2012- padeciendo las economías de Italia y Portugal, respectivamente tercer y cuarto clientes de España. Su situación ha dado lugar a que una de las más importantes aseguradoras españolas a la exportación suprima, para ambos países, la posibilidad de asegurar las ventas en los mismos por hasta 7.000 euros a clientes anónimos, medida susceptible de perjudicar a las pymes que venden pequeñas cantidades.
También frena las exportaciones la insuficiente competitividad exterior de la economía española. Los datos son elocuentes. Medida por los precios de consumo, esa competitividad ha retrocedido de 4,5 % frente a la de los países de la Eurozona, de 21,1 % frente al resto de la Unión Europea y de 28,9 % frente a la OCDE excluyendo a la Unión Europea entre enero 2001 y septiembre 2011, debido a la mayor inflación en España durante la mayor parte de ese periodo. Medida por los valores unitarios de exportación, la competitividad ha mejorado ligeramente (1,60 %) frente a la Eurozona pero ha retrocedido de 5,4 % frente al resto de la Unión Europea y de 16,2 % con respecto a la OCDE (no incluída la Unión Europea) entre enero 2001 y junio 2011, siendo achacable la pérdida fuera de la Eurozona en parte a la apreciación del euro frente a otras divisas y en parte al escaso valor añadido de los productos exportados. Según los últimos datos disponibles de Eurostat, solo 4 % de dichos productos tienen un alto componente tecnológico, situándose España detrás de países como Hungría, Letonia, Lituania, Polonia o incluso Rumanía y muy por debajo de la media de la Unión Europea (15,3 %).
A fin de cuentas, el prácticamente único factor de recuperación de la economía española en un futuro inmediato radica en el sector exportador cuyas 40.000 empresas vienen, mal que bien, contribuyendo a que la destrucción de empleos no se agudice más. Por ello, es vital que los responsables políticos, sea cual sea su ideología, provean a ese sector de los medios adecuados para que pueda proseguir su desarrollo, superando el desfavorable entorno actual. Ello implica llevar a cabo reformas que faciliten una reasignación y un empleo eficiente de los recursos disponibles en beneficio del sector exportador, dotándole asimismo de los medios adicionales que precise su actividad y, en todo caso, no aplicándole las medidas de austeridad adoptadas en consonancia con los requerimientos de Bruselas y de los mercados.
Así, por ejemplo, resulta imprescindible y sumamente urgente colocar a los bancos en condiciones de poder atender las necesidades financieras de las empresas exportadoras. Para lo cual, si fuera menester, no habría que descartar la aplicación de aquellas fórmulas que, por ejemplo aliviando sus balances del impacto de todo o parte de sus riesgos inmobiliarios y difiriendo dicho impacto en el tiempo, potencien así, de inmediato, la capacidad crediticia de las entidades financieras.
Igualmente, conviene que los Poderes públicos cuiden, más que nunca, de reforzar los instrumentos de asistencia y asesoramiento a las empresas -sobre todo a las pymes- para que éstas puedan actuar eficientemente en los mercados exteriores. Entre esos instrumentos, destacan las Cámaras de Comercio españolas en el extranjero, las cuales, por su propia naturaleza y vocación y con el apoyo financiero recibido del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, facilitan la consecución por las pymes de ese objetivo.
En su calidad de órganos consultivos y colaboradores de la Administración pública, por su condición de asociaciones reagrupando empresas españolas y del país de su ubicación, y por su carácter oficial, las Cámaras son perfectamente aptas a fomentar las oportunidades de negocio, a suministrar servicios de apoyo y asesoramiento de todo tipo, y a facilitar las relaciones con las administraciones públicas del país donde radican. Por consiguiente, su ámbito y capacidad de actuación hacen de las Cámaras en el extranjero un auxiliar verdaderamente indispensable para aquellas pymes que ambicionan un desarrollo internacional y que no disponen, demasiado frecuentemente, de los recursos logísticos y humanos adecuados. Y con un coste inferior al de un departamento de exportación (o internacional o extranjero) interno a la empresa.
La COCEF (Cámara Oficial de Comercio de España en Francia) es un buen ejemplo de lo que antecede. Cámara de Comercio española de mayor tradición en Europa junto con la Cámara en Gran Bretaña, puesto que ambas fueron constituidas en 1886, viene desplegando un reconocido protagonismo desde hace 125 años en el desarrollo de los intercambios con Francia cuya importancia para España huelga recordar.
En conclusión, no sacrificar la "gallina de oro" de la actividad exportadora - único remedio con efecto inmediato contra la acentuación de la crisis- por el cumplimiento de una política de austeridad uniformizada, debe ser la línea de conducta en estos tiempos de los gobernantes de España.
Noviembre de 2011
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